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Bienvenida

El terror tiene muchas formas y la muerte cercana es una de ellas. Este blog empezó en tono irónico y burlón como manual de ayuda para dejar de matar como quien necesita dejar de fumar, partiendo de un libro (Inocencia Muerta) donde todos sus protagonistas se ven involucrados en un posible asesinato. Terminado los cuentos del libro sigo relatos de valor añadido ya que los reflexiono sobre refranes populares.

Inocencia Muerta

jueves, 13 de marzo de 2014

Definición de búpena

Búpena: Dícese del individuo que se considera a sí misma como buena persona, lo sean o no.
Ej: Cristina ciertamente es búpena y hace las cosas de corazón
Ej: Un búpena no siempre tiene que tener la razón.
Búpenambulismo: Síndrome fuerte de búpena en un individuo.

Bupenar: Acción constante de un búpena. Normalmente trata de convencer de lo buena persona que es a otra u otras personas.

jueves, 21 de marzo de 2013

Cuento 11º " A la muerte ni temerla ni buscarla, hay que esperarla "



Dicen que si deduces porque la hermana que le quedaba a María muere asesinada, puede que tengas instintos de psicópata. Claro está que también te cuentan que la semana anterior Maria fue al entierro de su otra hermana. Las dos muertas eran gemelas, y que en el entierro María vio a un desconocido del que se enamoró a primera vista. Tal vez la historia no sea así exactamente, pero la primera vez que me la contaron deduje “el porque y el quién”  enseguida y supe con seguridad que solución era la correcta. No porque me dijesen que tenía que pensar como un psicópata para atinar con el acertijo, sino porque lo soy. Para borrar apariencias contesté que el hombre desconocido mató a la primera gemela por error, ya que su intención era matar a la segunda. Luego mató correctamente a la gemela que quedaba. Con mi respuesta conseguí unas risas y me dijeron que no estaba mal la deducción. Luego escuché la solución y fingí cara de sorpresa. A alguien se le ocurrió decir que el desconocido mató a las dos gemelas porque no sabía a quién quería matar y así se aseguraba. Seguro que quien lo dijo no sería menos sociópata que yo.
  Sin embargo siempre me ha costado más deducir las acciones que se suponen que son coherentes para la sociedad y que represento como si saliesen de mí. El truco siempre ha sido en fijarme e imitar. No siempre me ha funcionado claro, pero si sé dar una respuesta que no es la correcta para no mostrar mi mal interior, con más facilidad realizaré otras apariencias menos teatrales. La que más me gusta es fingir la pena que me dan los fallecidos e ir a los entierros que provoco. Así algún día consiga conocer a alguna María que se enamore de mí a primera vista. No tengo prisa por conocerla, solo espero que esa Maria me pida el teléfono y no se le ocurra matar a un familiar para volver a verme, porque lo que tengo claro es que solo voy a los funerales que provoco yo.

miércoles, 11 de julio de 2012

Cuento 10º "A burro muerto, cebada para el rabo"


Versión para bajar en PDF y EPUB

 A burro muerto, cebada para el rabo

Ese día que tanto recuerdo, fue cuando mi cámara interior  empezó a mostrarme más profundamente los negativos de la vida. Por entonces era profesional de la fotografía, cuando los instrumentos de captura de imagen aún eran analógicos, y podía vivir muy cómodamente de mi trabajo. Tenía la gran suerte de haberme labrado un futuro, o eso creía yo, de reconocimiento técnico al que le faltaba muy poco para llegar a ser artista fotográfico. Hacía tiempo que había dejado atrás los incómodos reportajes de boda y furtivas fotos paparazzi a cambio de trabajos más que bien remunerados y gratificantes estancias. Mi trabajo tenía un gran valor en revistas culturales y de viaje, a más de puntuales contratos como el que realizaba en esa ocasión en la Republica Dominicana para una agencia de viajes. En aquella ocasión me encontraba en semejante paraíso para fotografiar un magnífico hotel de lujo. Más tarde esas fotos adornarían catálogos de la agencia de viaje que me había contratado. Por aquel entonces, la suerte de que en países del caribe apenas dispusiesen de fotógrafos de categoría hacía las delicias de los profesionales que nos hacían viajar hasta allí. Por supuesto con todo pagado.
  Al día siguiente debía volver a España para prepararme en lo que sería la gran inauguración de los juegos olímpicos de Barcelona e inmortalizarlos acontecimientos. Si bien el tema deportivo no era mi especialidad, el dinero que me ofrecían si que lo era, y me parecía bien alternar con la imagen en movimiento. Siendo mi última tarde en el caribe quise a provechar y realizar algunas fotos personales, tal vez no artísticas, pero dignas de enorgullecerse. Aquellos eran otros tiempos y a penas se retocaban las fotografías una vez realizadas, así que los ajustes eran minucias en comparación a lo que se hace hoy en día, y el gran trabajo estaba en el campo de exposición. Así fue como abandoné el hotel y me adentre en las calles inseguras de la capital con una cámara compacta muy discreta y de gran calidad, aunque muy lejos de ofrecer todas las posibilidades de una réflex de entonces.
 En esa tarde mis primeras fotos fueron edificios donde su longevidad y descuido hablaban por si solas de la mala economía del país. En lo más parecido a una plaza realicé una instantánea digna de enmarcar. Se trataba de una pareja de enamorados que se besaban bajo un árbol mientras el sol se ocultaba entre las ramas favoreciendo un ambiente onírico muy romántico. No muy lejos encontré un descampado donde unos niños jugaban a futbol con un balón de trapos enrollados. Casi desnudos y sin calzado alguno los vi disfrutar como locos. Todo era jolgorio y alegría cuando metían un gol, solo era comparable con la felicidad extrema. No quise malgastar carrete con ellos sobretodo porque las circunstancias y la cámara no eran las apropiadas. Las imágenes saldrían corridas tras el revelado. Recuerdo que mientras los veía me preguntaba si gracias al juego los críos llegaban a olvidar la situación tan lamentable en la que vivían, o simplemente no conocían otra cosa que el hambre y la miseria, y no tenían nada que echar en falta.
  Seguí haciendo fotos entre callejuelas, escuchando algún que otro grito proveniente de los edificios más inhóspitos cuando una anciana de aspecto bonachón se me acercó a ofrecerme flores. Si la zona olía mal ella debía de aportar el contraste con sus ramilletes. Desde luego que me alegró el olfato. Le compré una flor al precio del ramo por no querer ir cargado con unas flores que acabaría tirando, pero a pesar de mi generosidad me rechazó que le hiciese una foto por motivos espirituales. Me dijo que no quería que le robase el alma. Siempre oí decir que había culturas que no se dejaban retratar, pero no esperaba que fuese en ese país. Después me enteré que lo que busca la gente de allí con reparos a ser fotografiada, es un buen precio a cambio del alma.
 Continué haciendo fotos sin ponerle mucha pasión puesto que veía la hora de volver al hotel y a mi siempre las prisas me merma la pasión, aunque cierto es que a veces uno inmortaliza imágenes que no sabe que luego serán de admiración, y es que sobre gustos hay colores, e incluso para la fotografía en blanco y negro. Acabé el último carrete en medio de una calle a punto de fotografiar un pequeño de unos seis o siete años que estaba plantado en una esquina. El niño parecía buscar algo o alguien. Al caminar hacia él vi que detrás de un coche, se escondía otro crío, seguramente de su misma edad, aunque más corpulento ya que el de la esquina era de lo más enclenque.  El corpulento estaba claro que sabía jugar al escondite porque el chico de la esquina no solo tenía pinta de no verlo sino que además parecía a punto de desistir su búsqueda y largarse. Como yo caminaba hacía él, y mi compasión  hacía el perdedor me pudo, le hice señales con un dedo indicándole donde se escondía su amigo. Su mirada me mostró la satisfacción de agradecimiento que esperaba y salió corriendo hacía el coche para pillar al chico corpulento. Fue ver al enclenque y gritar de susto. En ese momento yo debía tener una sonrisa de deleite que me debía ocupar toda la cara. El corpulento salió como alma que lleva el diablo tropezando y cayéndose al suelo. Lo que aprovechó su perseguidor para lanzarse encima de él y para mi sorpresa acuchillarlo con una navaja que no tenía ni idea de donde había sacado. Le insertó un sinfín de puñaladas. No hice nada para impedirlo porque no daba crédito a lo que veía. Solo cuando el niño cazado dejó de gemir fue cuando el agresor salió corriendo de allí. No supe que hacer, de hecho no reaccioné hasta trascurridos unos minutos. Era dantesco ver el cuerpo inerte salpicado de sangre. Por una parte pude agradecer que no tuviese carrete para debatirme si debería haber tomado alguna fotografía de aquello. Tenía muy claro que ya no podía hacer nada por él, solo podía estar muerto. Lo pensé rápido y fríamente, y me largué. Si me involucraba en un crimen podía pasar días en una cárcel hasta que se aclarase lo sucedido, y bien era sabido que entrar en un penal en aquél país no era para salir impune física o mentalmente, y si se salía vivo.
  A la tarde siguiente cogí el avión de vuelta a Europa. No solo me remordía la conciencia por no poder declarar como era el niño asesino a la policía, también me sentía culpable por haberle dicho donde estaba su victima, aunque lo hubiese hecho de la manera más inocente, sin olvidar que fui incapaz de reaccionar para evitar el crimen. Ni tan siquiera logré mover un pié hacía ellos o gritar que parara. Intento convencerme de que no pude hacer nada, pero esas puñaladas que vi dar, las recibo en mi mente con tremenda angustia cada día de mi vida.

F3rn1 Rubí

http://inocenciamuerta.blogspot.com.es/

domingo, 3 de junio de 2012

Cuento 9º “Para morirse, siempre hay tiempo”

Se abre el telón y aparece la siguiente escena representando un velatorio

- ¿Alguien le quiere dedicar unas últimas palabras?
- Gracias por dedicarnos todo tu tiempo
- A mala hora te fuiste.
- Conocerlo no fue ninguna pérdida de tiempo.
- Seguirá con nosotros aunque solo marque la hora correcta dos veces al día.
- No somos nada, a todos nos llega nuestra hora.
- Descanse en paz por la eternidad. Amén.
- Amen.
- Un minuto de silencio, por favor.
...
- No perdamos más tiempo, que le den. No hay ni un segundo más que perder en alguien que se tomaba un día entero para marcar 24 horas.
- ¡Animal! Más respeto por su vida.
- ¡Respeto! Cada minuto de su vida nos consumía la nuestra.
- Tic, tac, tic, tac ...
- !!!!!!!!!
- Parece que aún le queda cuerda para rato.

viernes, 4 de mayo de 2012

Cuento 8º “Donde hay burro muerto, no faltan cuervos”

Versión para bajar PDF y EPUB

  “Donde hay burro muerto, no faltan cuervos”


¡No podía creerlo! Por fin mis padres me dejaban solo en casa. Hacía tres meses que había cumplido los doce años y pese a que era muy responsable y de inteligencia superior a la media, a mis padres no les hacía mucha gracia. Habían sido invitados a pasar una noche en barco, cosa que les pareció estupendo, pero sabían que yo me mareaba nada más embarcar. Pese a que sin éxito intentaron primero buscar con quien dejarme, no tuve que insistir mucho en que aprovechasen el viaje prometiéndoles que sería muy cabal. Así fue como se cumplió mi pequeño deseo de sentirme un poco adulto. Esa noche podía decidir cuándo cenar, cuando ver la tele y por supuesto estar despierto hasta la hora que me viniese en gana. Con algo de suerte podría llegar al nivel cuarenta, del juego más adictivo de la historia: Radioactive Ravenous Zombies III. Nunca había podido pasar del nivel diez. La razón es porque mis padres no me dejan colgarme con la consola más de dos horas, pero esta vez tendría horas de sobra. El juego era la ostia, solo que el dichoso no permitía guardar partidas. Si empezaba a jugar antes de media noche, por la mañana habría triunfado.
 Terminé de fregar el plato, de mi temprana cena de microondas, un arroz hindú de lo más seco, que ni mi madre hubiese sido capaz de hacer pese a lo mala cocinera que es, cuando escuché algo de ruido en el jardín. Vivimos en una casa de una sola planta, sencilla y de tan solo tres habitaciones, pero con una parcela de unos veinte metros cuadrados muy bien ajardinada por mi padre. Cosa que intento cambiar continuamente por mis destrozos con la pelota. A mi padre le tengo muy asqueado con esto, y me amenaza con poner piscina fija, cosa que me alienta muchísimo más el destrozar “sin querer” sus rosales. Estoy arto de la piscina montable, me hace sentir ridículo. Cuando llega el verano detesto invitar a mis amigos a venir a bañarse a una pecera que solo cubre hasta la cintura.
 Si de algo estoy orgulloso es de mi fenomenal oído. El ruido que provenía del jardín me pareció algo brusco, pero amortiguado. Como la caída de algo sobre el césped. Nada parecido al acostumbrado retozar de los gatos del vecindario. Sospechaba que alguien había saltado nuestra verja cuando unas voces me lo confirmaron. Me acerqué con sigilo hasta la puerta del patio, que por supuesto tenía la persiana bajada, siguiendo principios de seguridad de mi padre. Apagué la luz interior y tras apartar la puerta de vidrio subí ligeramente la persiana para poder ver que sucedía fuera. Según el criterio fijado por mis padres debería haber llamado por teléfono a mis conocidos más cercanos o a la policía, pero me pareció más atrevido investigar que sucedía.
 Miré a través de unos de los huecos del la persiana y pude ver que dos chicos, seguramente de mi edad, estaban de rodillas bajo el abeto que solemos adornar para navidad. Agudizando la vista distinguí que uno de ellos era Roberto, un compañero de clase de curso superior. En cambio al otro chico no le logré ver la cara. Observé también que junto a ellos había un bulto del tamaño de una caja de zapatos.
-¡Quieres dejar de tirarme tierra encima! -Dijo Roberto.
- No seas niña, cuanto antes acabemos mejor. -Contestó el otro chico.
 Ese intercambio de palabras, más lo poco que entreví de ellos, me aclaró mejor que era lo que estaban haciendo bajo el árbol. Estaban escarbando un agujero.
- Pero me habías dicho que no estaban tus vecinos, que se habían ido de viaje. –Dijo confuso Roberto.
- Sí, pero podría pasar cualquier cosa. - Aclaró la segunda voz que por fin reconocí.
 Se trataba de Iván, mi vecino y compañero de clase de Roberto.
- Solo me faltaría que mis padres se asomasen desde mi casa y nos viesen. -Añadió Iván a pesar de que por cualquier posibilidad de la perspectiva parecía imposible.
- Creo que la profundidad es suficiente. – Dijo Roberto refiriéndose al agujero.
 Iván metió el bulto dentro de la pequeña fosa y lo taparon con la misma tierra extraída.
- ¡Menuda idea! – Exclamo Roberto. – Podríamos haber tirado el gato, envuelto a la basura.
- Soy el único del barrio con escopeta de balines y todos lo saben. Hay mucho necesitado que remueve los conteiner de basura. No me quiero arriesgar de que alguno lo encuentre y de parte a la Policía. Los polis están en alerta de que en mi barrio están desapareciendo muchos animales de compañía de manera sospechosa. Si les llegase un cadáver lo abrirían y descubrirían como murió. No tardarían en dar 
conmigo. - Argumentó Iván.
- Si que eres peliculero, yo sé que fue un accidente ¡No vimos como el gato se metió tras la diana!
- Solo faltaría que me defendieses tú, para que pensasen que somos dos los que estamos detrás de las desapariciones –aclaró Iván. - Mira que es casualidad, un balín no mata una mosca, y le tiene que entrar precisamente por el ojo al cerebro ¡Mierda!
- Vale, ya está bien tapado. Dejemos esto de tal manera que pase desapercibido.
 Terminaron el trabajo y desaparecieron de mi vista. Para cerciorarme que se habían ido subí lentamente la persiana hasta comprobar que no estaban. Al ver el jardín con más claridad, vi la pala de jardinería de mi padre clavada en la tierra. Lógicamente la habrían empleado y la volvieron a dejar tal como la encontraron.  Mi padre es muy cuidadoso con sus plantas y árboles pero para las herramientas es un desastre. Las deja siempre tiradas en el último sitio donde las usa. Se excusa diciendo que es una manera muy buena de saber donde están, y además así ejercita la memoria en recordar en que fue lo último en que las empleó. No tiene nada de ordenado. Todo lo contrario que yo, que dejo todo tal como lo encuentro, o lo más perfecto posible. Mi habitación está impoluta, hasta los libros y juguetes siguen un riguroso orden. Tal vez llegue a ser algo paranoico pero por ejemplo, no puedo dejar que el tamaño de un lápiz sea menor que el de el resto, y después de usarlos para pintar tengo que sacarles punta a todos hasta dejarlos igualados. Por eso nunca pinto un cielo con el mismo azul o una pradera con el mismo verde, porque así no se gastan tanto y los puedo ir llevando a un tamaño igualado. Lo mejor de usar varias tonalidades es que también consigo mejor perspectiva en el dibujo. Samuel, mi compañero de pupitre en clase, se mofa y me llama tonto continuamente por este tipo de manías, pero aún no sabe hacer ni la raíz cuadrada más simple, así que no sé quién es más tonto. También es verdad que todavía no se han dado en clase las raíces cuadradas, pero siempre me gusta ir avanzado.
 Salí al jardín a comprobar el posible estropicio de mis compañeros de colegio y me pareció una buena labor. Nadie hubiese dicho que se acababa de hacer un entierro. Tardé uno segundos en tener claro que no podía dejar el gato allí. Si mi padre lo descubría podría sospechar que yo tenía algo que ver y tendría que defenderme inculpando a los verdaderos asesinos del gato. Con lo cual quedaría como una chivato y en el colegio probablemente tendría problemas con los chicos del curso superior.
 Lo desenterré con la misma pala y rellené el agujero. Dejé el contorno mucho mejor incluso que Iván y Roberto. El gato estaba en vuelto en una bolsa de supermercados Rami, buena sobretodo porque es ecológica cien por cien. El bulto completo hubiese sido un buen abono para el abeto. A pesar de estar bien empaquetado lo volví a meter en otra bolsa antes de introducirlo en mi mochila. Por suerte el animal no era muy grande y cabía a la perfección a pesar de que el rigor mortis ya había hecho su efecto en el cadáver y no se dejaba doblar fácilmente. Me pregunto si la gente es consciente de que nunca compra filetes frescos de carne. El rigor mortis aparece de una a tres horas después de matar al ser vivo. Un cadáver, necesita muchísimas horas para que el rigor mortis desaparezca. Para que la carne se pueda entregar como una masa agradable al tacto tiene que pasar más de una semana. De hecho las cárnicas vacunas esperan un mínimo de diez días antes de vender la carne, por supuesto depende mucho del tamaño del animal.
 Una vez cerrada mi casa de manera concienzuda me dispuse a emprender la caminata al bosque, a mi cueva secreta donde guardo el resto de animales que atrapo y disecciono con placer mientras están vivos. Aunque no siempre es así, también lo paso bien descuartizando animales muertos y este me hará las delicias de la noche. A veces mientras despedazando disfruto mucho pensando que algún día será un animal humano el que estará en mis manos. Me complacería que Samuel fuese el primero.

domingo, 25 de marzo de 2012

Capítulo 7 "Matar moscas a cañonazos"

Lo increíble del ser humano no es solo que destruya su entorno como si fuera el cáncer del mundo sino también su facilidad para auto destruirse. Seguramente el instinto criminal es tan primitivo que ya nos hacia compañía incluso antes de que diésemos el paso a llamarnos civilizados (que paradoja, nos denominados civilizados cuando aún no somos capaces de convivir como hermanos). Desde antaño ya se asesinaba a quien fuese con tal de llegar a conseguir un objetivo. Que importaba arrasar aldeas, pueblos, ciudades y países, lo importante era al ansia de conquista. Hoy en día lo vemos en los atentados y en las recientes guerras por controlar el mercado del oro negro (aunque la excusa sea encontrar esos mismos culpables del terrorismo), pero esto se extiende a mucho más y a casos verdaderamente particulares. Lo peor de "matar moscas a cañonazos" aunque sea con la mejor de las intenciones es que siempre acaban pagando los justos por pecadores. Aunque la definición de la frase sea: la utilización excesiva de recursos para algo simple de lograr. No deja de ser de lo más oportuna para las excesivas incongruencias que generan los gobiernos al realizar acciones que ponen en peligro vidas inocentes con el pretexto de evitar otras muertes. Y lo peor no es que se pongan en peligro vidas, sino que se acaban perdiendo. Por supuesto a esto le sacaron un término y con eso todos nos tenemos que sentir razonables a su significado. Me refiero a "Daños colaterales". Y siempre habrá quien le dé más florituras como con la frase: ¡Claro, no se va hacer una tortilla sin romper los huevos! Es triste pero de magnicidios está repleta la historia y tal vez sea esto lo que nos impida mejorar. Cuando una persona o colectivo presume de ser virgen en temas turbios procura que su continuidad sea eterna, pero cuando algo o alguien ya está manchado le da igual seguir cayendo en tentaciones macabras porque precisamente la fama ya le precede. Lo difícil es cambiar. Si sorprende lo inhumanos que somos al realizar actos que pueden suponer masacres no nos tendrían que sorprender en la ficción donde imaginamos la realización de actos en gran barbarie. La literatura está llena y el cine no se queda atrás. Así que tras leer esta última historia que nadie me culpe de dar ideas cuando en realidad lo que hago es alertar de las posibilidades. Siendo algo más preciso en mi argumentación constato que el terrorismo suele nacer de lo anteriormente expuesto pero sigue creciendo del odio y se alimenta de vidas. El capítulo que corresponde a esta introducción lo podéis leer exclusivamente en el libro.

domingo, 1 de mayo de 2011

Capítulo 6 "La curiosidad mató al gato"

¿Qué se siente matando a otro ser humano? Tal vez se esa la motivación la que mueva a un nuevo asesino. Complacer su instinto y sentir que sensación tiene. Desde luego es tal vez el motivo más egoísta que puede haber para cometer un crimen. Eso sin contar que hay que estar demente. Y lo peor vendrá después, si le coge el gustillo y pasa a convertirse en asesino en serie. Y puestos a hablar de “series” en asesinos en serie, Dexter, buenísima.
En siguiente relato, de absurdo total, imagino una sociedad psicópata donde se carecen sentimientos hacia el resto de los mortales. Si existe un porcentaje de personas que son incapaces de ponerse en la piel de los demás y que no llegan a percibir que es el sufrimiento, ese porcentaje también tiene un subgrupo que ya le importa un pepino hacer daño o incluso matar. Y los peores son los que se excitan realizado el mal. Por eso, si se nota que una mínima parte de nosotros, aunque sea muy mínima, tiende al subgrupo, es mejor tratarse. No se debe guardar en silencio como pecaditos, se debe ir derecho a pedir ayuda psiquiátrica antes de que degenere. Porque todo tiene su tratamiento, y no vale la excusa de que ya se me pasará, porque no es como estar borracho, es más bien como ser alcohólico, salvando las distancias.
Por cierto, si "La curiosidad mató al gato", te ha gustado pásalo, precisamente está realizado para que sea así. curiosidad.zip

martes, 12 de abril de 2011

Capitulo 5 - “A rey muerto rey puesto”

Y parecía que tenía olvidado el blog, pues a resurgir de las cenizas. Durante toda la historia el ser humano se a entretenido cometiendo asesinatos para arrebatar posesiones y cargos que sustentaba un rival. En la antigua Roma, y por poner un ejemplo, era tan habitual que no estaba del todo mal visto. Hoy en día aunque es un escándalo cargarse al contrario o al que está en una posición más alta se sigue realizando la misma atrocidad. Por supuesto se hace de manera indirecta y como si fuese cosa de un accidente. Todos sabemos que lo hacen para ocultar que piensen que los que están detrás del asesinato son unos monstruos cuando estos lo “único” que pretenden es cambiar al “rey” que hay en esos momentos. Por cierto esta frase de “a rey muerto rey puesto” me cuestiona si la debería haber creado un monárquico despreocupado de que se muera el rey porque siempre tendrá quien le preceda o un republicano asqueado de que siempre el trono tenga corona. De todos modos como la frase no se atañe a lo literal podemos jugar con ella en muchísimos ámbitos y uno de ellos son las presidencias de los países. Tomemos por ejemplo a Estados Unidos que lleva un promedio de un presidente asesinado cada cincuenta años, más o menos. Supongo deberían tenerlo en cuenta los protectores del próximo presidente porque se aproxima la expiración de uno de esos periodos, ya que Reagan sufrió un intento, así que lo mismo no cuenta. Ahora bajemos el listón e imaginemos que las intenciones son de eliminar un competente a un nivel menos superior y al que podríamos llegar nosotros si no estuviese ese fanfarrón que nos lo repatea siempre que nos da una orden o impone una regla que no concuerda con las nuestras. El más representativo puede ser un jefe, directivo, etc. Y si nos preguntamos seriamente porque está él y no nosotros. A lo mejor no solo es casualidad o que la sabe chupar mejor que nosotros ¿o tal vez si? En todo caso si no te convenciese para echarte atrás y quieres realizar el delito por esta índole, lo primero que te aconsejaría es que evites tener en tu posesión el libro de “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger por la leyenda negra que le acompaña. Lo mismo sospecharían de ti aún sin tener pruebas, solo por tenerlo. Naturalmente el intento de provocar un cambio de “rey” no es simple para ser uno mismo el sustituto, también se puede querer que se implante otro que se considera mejor. En ese caso seríamos contrarios a “más vale burro conocido que sabio por conocer” y suele ser muy acertada esta frese (de “más vale lo malo conocido que bueno por conocer”). Ya que en muchos casos ocurre que lo bueno que trae un nuevo “rey” tarda en revelarse a la plebe. Hasta que trascurre ese tiempo solo se le ven fallos y cambios que carecen de sentidos. Recuerdo una empresa donde sus empleados estaban deseando que el director fuese sustituido y no llegaron a liquidarlo, y no literalmente, por el respeto que le pudiesen tener a la vida humana. La empresa pese a mantener un nivel estable llevaba a los trabajadores a niveles de insatisfacción muy bajos. Esto era debido más a la desidia hacia ellos que por malos sueldos e ingratas laborales. En cambio el contacto que tenía el director con los clientes era digno de ralezas, donde se despilfarraban recursos de todo tipo para satisfacerlos. Tener contentos a quién nos da de comer está claro que ayuda a mantenerlo en nuestra cartera, pero también debería de haber un termino medio para los empleados. No es de extrañar que ante la expectativa de que la empresa iba a ser absorbida por otra de mayor renombre, los empleados se complaciesen enormemente. La alegría les duró poco porque vieron enseguida el interés de la absorción. Solo querían la cartera de clientes de la pequeña empresa. Eso les dolió más a los empleados que el recibir con las manos abiertas las buenas calidades y mejoras para ellos. Por supuesto empezaron a mirar con malos ojos a sus nuevos directivos y se olvidaron del antiguo que fue relegado a vivir del cuento en una oficina incluso mejor que la había tenido aunque el hombre casi parecía más un parásito que un directivo. A los meses y por las vueltas que da la vida, al antiguo director, supongo que por aburrimiento o por verse menospreciado ya que no tenía ni voz ni voto, no se le ocurrió otra cosa que montar otra empresa de las mismas características. Se llevó consigo a todos sus clientes. Pasó de simple directivo sin departamento a propietario de una pequeña empresa de gran empuje y futuro gracias al gran abanico de clientela que le apoyaba y respaldaba económicamente. Debido a esto, los empleados que habían sido absorbidos ya no tenían sentido para la empresa multinacional y fueron tratados peor que en sus principios. La nueva empresa sufrió grandes pérdidas por la penosa opa y lo único que deseaba era quitarse de en medio a empleados a los que no sabia donde ubicar. Una de las maneras fue la de tratarlos como arrastre de carga. Despidió a todos los que pudo y a los que no los humillo en puestos inferiores a los que les correspondían. Teniendo claro la incompetencia de la dirección de la empresa que realizó la absorción, más claro nos quedaría el motivo de que hubiese un mayor odio de los empleados contra el nuevo “rey”. Curiosamente y por fortuna para la gran mayoría de estos empleados fueron bien acogidos en la nueva empresa de su antiguo directivo. Toda esta gente esta casi igual que antes, laboralmente hablando, pero a hora tienen al dueño (ex director) como a un ídolo pese a que las relaciones y condiciones son idénticas.

Esta es parte de la historia que ilustra todo este contenido: http://humano.ya.com/fnoguera/rey.pdf

martes, 26 de octubre de 2010

Capitulo 4 - Quién a hierro mata a hierro muere


Muchísima gente piensa que el quién la hace la paga y que a todo cerdo le llega su San Martin. También se afirma generalizadamente que esta vida es injusta y que hay mucho cabronazo suelto que nunca sufrirá las consecuencias de una existencia dedicada a joder al prójimo ¿Entonces como es que existen dos pensamientos tan contrarios?
Analizando la sabiduría popular podemos ver que nos advierte de que existe un efecto boomerang sobre la persona mal intencionada que hace un daño. Ya puede ser en mayor o menor medida de la acción realizada pero que sin duda recibirá su reprimenda. Esta filosofía nos puede ayudar un poco a esperar que la persona que odiamos se estampe por si sola, y si no es así nos conformaremos a que durante la espera la herida cicatrice y nos olvidemos de lo ocurrido. Pero si vemos como ocurre la desgracia esperada, hacía ese cabrito, disfrutamos tanto como si hubiésemos sido participes de la conjura contra él. El dicho de que a todo cerdo le llega su san Martín no parece que siempre sea cierto, aunque la vida da muchas vueltas y a veces no merece la pena sacrificar la nuestra para acabar con la de un cerdo. Aunque siempre se puede hacer un poco la traban queta. Eso sí, escondiendo a tiempo la pierna por si acaso.
¿Y si sabemos que no siempre la vida es justa porque nos engañamos a nosotros mismos?
Pues se me ocurren unas cuantas respuestas pero dejemos en que es la manera más fácil de resignarse a una putada. También pensar en que si la experiencia te ha demostrado que el que la hace la paga, también es buena (por cierto: felicidades). En cambio por mi parte creo saber por qué. Me vino de la mano de la literatura infantil. Concretamente de los cuentos que me leían. Recuerdo esas noches en las que me acostaban con algún que otro cuento infantil de los de toda la vida. A esa edad de locos bajitos escuchamos los relatos sin buscar ni la moraleja ni el sentido, solo sabes que disfrutas el rato antes de poder conciliar el sueño. Pero es el subconsciente el que se pone manos a la obra cuando duermes para dejarte bien claros los mensajes subliminales. Y si bien siempre se les ha dado a los cuentos un carácter de moraleja para aprender, yo siempre he visto en ellos una segunda lectura. Cuando lo normal era recibir la doctrina de que si eres bueno y cauto, como la mayoría de protagonistas, todo te irá bien a pesar de las dificultades que encuentres, yo veía más bien que quien es malo acaba pagándolo caro. Curiosamente mi carácter de bonachón me hacía preocuparme de si al lobo, ogro, bruja o malo del momento al final había salido algo airoso de la historia. Lo cual hacía irritar a mi cuenta cuentos porque tenía que inventarse la parte que menos salían de los cuentos para conseguir que me durmiese tranquilo.
Sin duda me vino de ahí la creencia que aún perdura de que todo el que realiza un mal recibe su merecido. El darme cuenta me hizo mirar un poco el tema de los cuentos y observar que los cuentos actuales difieren mucho de cuando se contaban antiguamente. De hecho los grandes recopiladores de cuentos que todos conocemos y a los que tenemos que agradecer que estos hallan llegado a nuestros días narrativamente, cambiaron y suavizaron finales, hoy difíciles de aceptar. Lo que nos indica lo crueles que eran y como siguen siendo de terroríficos los cuentos. Por un lado es como si advirtiesen a los críos de que el mundo está lleno de asesinos sin, ir más lejos tenemos a Blancanieves y Belladurmiente. Hay incluso extremos que llegan al canibalismo como en Hansel y Gretel ¿Realmente estos son cuentos infantiles? Y como he dicho, ahora los cuentos acaban algo mejor, pero si nos remontamos al pasado el cuento de la caperucita roja por ejemplo acaba que el lobo se zampa a caperucita después de a la abuela, y santas pascuas. No aparece el leñador por ninguna parte. Si sirve de consuelo hay una moraleja final que es casi tan tonta como el cuento en sí.
¿Y el cuento de la pobre cerillera? Es como retrasmitir la muerte de una persona minuto a minuto. Es hasta espantoso y cruel para un adulto como no lo puede ser para un niño. Es igual de horrible las historias de niños abandonados por sus padres como el de Pulgarcito y en Hansel y Gretel, cuando para los niños los padres son los pilares de su vida.
Desde luego que si queremos que los niños sepan cuanto antes la cruda realidad de la vida lo mejor es contarles un cuento, como mucho los podemos traumatizar, pero que más da si lo importante es que aprendan a diferenciar el bien del mal.
Una de las congruencias que se puede sacar de la frase “Quién a Hierro mata a hierro muere” es que la venganza está servida aunque sea por otra mano, llámese providencia o divinidad, y es que la venganza siempre será la gran discordia de la humanidad ¿Como pacificar hombres de razas y religiones que llevan sobre sus espaldas los daños sufridos durante siglos? Que grandioso sería el invento de poder poner el contador a cero de los rencores de todos los humanos y volver a empezar.
Por supuesto que volveríamos a fracasar a un teniéndolo tan fácil, y es que aprender de los errores para inventar artilugios no nos va tan mal, pero de nuestros fracasos sociales no hay manera, no aprendemos a esquivar la segunda piedra.
La venganza tiene un gran mal y es que se alimenta de la ira, y las personas la producimos con nutrientes muy especiales, uno de ellos es la desesperación. Y cuando esta aparece entonces es casi imposible encontrar la válvula de escape para que no nos reviente.
En esta ocasión no pondré la narración completa de este capítulo. Solo pondré un cuento que aparece en él. Un cuento que le narra uno de los personajes a otro para avanzarle lo que le va a pasar. Este cuento se ha realizado en archivo de sonido y así lo podréis escuchar haciendo evocación a eso cuentos que se trasmitían de boca a boca. La narradora es Isabel Scansolft ;) Ah! paciencia, tarda un minuto en cargar.

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domingo, 5 de septiembre de 2010

Capitulo 3 “Matar dos pájaros de un tiro”

Siempre he admirado la cultura japonesa y su gente por su esfuerzo, respeto e ímpetu que pone hacía la vida, por su delicadeza y meditación, su arte en general y sabiduría. Aunque debo criticar su orgullo y el honor, los cuales antiguamente podía llevar a una persona al suicidio. Actualmente como todos sabemos las cosas han cambiado y solo quiero reflejar mi queja a ese pasado. Esto lo digo porque si bien creo que morir por honor lo considero estúpido, seguro que habrá hoy en día quién me contradiga, y es según los casos, que la polémica puede llegar a grandes debates de ideas muy contrarias dependiendo de por cual sea el motivo por el que uno quiera perder la vida.
He querido introducir este tema del suicidio porque al fin y al cabo no deja de ser un asesinato. Solo quisiera dejar entrever mi pequeña idea al respecto y comentar que creo que para suicidarse hay que tener muchos cojones u ovarios, y que tal vez esos cojones u ovarios desperdiciados se podrían utilizar de otra manera más constructiva. La frase “de perdidos al rió” es de lo más apropiado para lo que comento. Lo último es la propia vida, si lo tienes todo perdido arriésgala ¿ya que más te da? Por supuesto esta opinión no entra en detalle de si la persona sufre una enfermedad (incluyendo psicológica) o en el contexto de todas las existencias, es simplemente genérica.
Por lo tanto voy a reducir lo que podría ser un libro entero a una introducción corta, haciendo mención a una canción de “Sopa de cabra” que espero no me cobren derechos por su aportación indirecta.
Cuenta la letra de una de sus canciones de la que muchos sabréis (L´Empordà) que un viejo algo alocado va diciendo que se matará y solo cuando bebe dice que no lo hará por una serie de razones que menciona y que seguramente solo el alcohol le deja ver.
El protagonista de la canción decidió cambiar de idea porque aun estaba vivo ¿pero quien puede cambiar de idea cuando se está muerto? ¿quién nos asegura que nada puede cambiar una vez muertos? Sería sin duda ridículo que lo que nos haya llevado al suicidio se solucione por si solo cuando ya no estemos para verlo.
Quisiera añadir cuatro párrafos de la canción mencionada, porque la considero como poesía y quisiera compartir mi adoración hacia ella.
(Los de Sopa de cabra que anoten este peloteo antes de pedirme compensación por derechos de autor)

I quan veig la llum de l´alba
se´m treuen les ganes de marxar
potser que avui no em suïcidi
potser ho deixi fins demà.

Pensamiento: La gran mayoría de nosotros ya lleva un asesino potencial en la muñeca.


Aquí teneis el tercer capitulo “Matar dos pájaros de un tiro”:

jueves, 5 de agosto de 2010

Capitulo 2 - “Aquí te pillo aquí te mato”

He de reconocer que está es la manera más difícil de evitar cometer un asesinato. Normalmente se actúa de manera impulsiva por la rabia que surge de forma incontrolable de nuestro interior.
Popularmente diríamos que se nos cruzan los cables. Dejamos de actuar de manera sensata y nos dejamos llevar por los nervios. Unos nervios engañosos y prehistóricos que nos dicen que el matar nos va a sacar del apuro en que nos encontramos. Y tal vez ese primer impulso no sea del todo asesino, pero si llega a ser incontrolable puede que se nos nuble la visión de donde acaba el límite de agredir y empieza el de matar. Para joder la marrana también nos podemos encontrar con los que como no se atreven a agredir al causante de su mal, estos lo acaban pagando con el primero que topan.
Como digo es enormemente difícil de controlar ese estado de enajenación mental transitoria y de hecho la gran mayoría de asesinatos se producen en esos momentos y no en otros. Aunque la venganza se sirva mejor fría, también se enfrían los sofocones del momento. Por eso cuando uno se siente en un estado así, lo mejor es darse una bofetada a si mismo. Esto siempre dejará por completo desconcertado a la que podría ser la víctima y nos recordará lo que duele la violencia.
Si contar ovejitas te funciona para dormir, también lo puedes probar antes de cometer un acto barbarie. Cuando llegues a la oveja cinco mil y aún sigas contando es que ha ido bien. Si no eres ni capaz de pasar de la tercera no siempre pienses que estás jodido, a lo mejor es que necesitas clases de repaso (por cierto después viene la cuarta oveja).
Si se intenta mirar las cosas con otra perspectiva, nos equivocaríamos menos, seguro. Un ejemplo sería la persona que no sabe a quién matar por haber sido culpable de la ruptura de su relación, al amante o a la pareja. Lo primero que debería preguntarse es si no ha sido el mismo, el culpable de la ruptura. Además, y si resulta que la pareja es un@ guarr@ de cuidado... mejor que se sepa cuanto antes.
En estas series tan de moda que siempre asesinan a alguien queda patente que la mayoría de los asesinatos se realizan en los momentos de tensión y pocas veces son premeditados. Y es que estas series están siendo toda una institución haciendo creer a la gente lo fácil que es cargarse a alguien. El colmo es ver como padres dejan a sus hijos menores contemplarlas como algo beneficioso para la intelectualidad del niño. Además que los instruyen descriptivamente como algo tan exagerado como el siguiente caso:
Padre e hijo están viendo un capítulo y el hijo se pierde en una conversación porque no sabe el significado de una palabra.
- Papá ¿Qué es un homicidio?
- Mira cariño. Si yo mato a apuñaladas al vecino que sabes que odio tanto ¿Qué sería?
- Asesinato.
- Correcto. Ahora imaginemos que una tarde estás jugando en el balcón y sin querer empujas una de las macetas más grandes que tenemos y le cae al dichoso vecino en la cabeza. Si este se muere del impacto sería homicidio por ser un accidente involuntario. El seguro del piso pagaría los gastos de daños y perjuicios a la familia de la víctima y poco más –el padre tomo aire antes de continuar para dejarle bien claro lo que venía a continuación–. Ese poco más sería que papá te tendría que regalar una videoconsola último modelo con los últimos juegos del mercado para que pudieses olvidar el accidente que cometiste y que le costó la vida al jodido vecino.
Volviendo al tema que plantea el título propuesto para este capítulo “aquí te pillo aquí te mato”, quisiera recalcar que el estrés es un culpable muy alto de que se cometan actos de los que luego nos arrepentiríamos. Se ha demostrado estadísticamente que la gente que practica un deporte o algún tipo de relajación suele tener menos estrés y por consiguiente está menos dispuesta al riesgo de ataques de instinto asesino.
Lo suyo es que si sabemos que somos propensos, es que hagamos una práctica diaria de alguna actividad que nos quite ese dichoso estrés (no vale kendo o parecidos y el zaping no cuenta como deporte).
Se que todos podemos llegar a tener nuestro propio antiestrés, pero cuidado de no equivocarnos como le pasó a un amigo. Me contaba que después de una dura jornada (no porque su trabajo fuese agotador sino por lo pesado que era aguantar a su jefe) llegaba a casa y se ponía con la consola a matar zombis. Se pasaba horas delante del ordenador disparando a muertos vivientes e imaginaba que cada uno de ellos era su jefe. Me decía que así se quitaba la tensión acumulada.
Me demostró que no era verdad un día festivo por la tarde. Paseábamos por una zona de Gracia en Barcelona tan enfrascados en nuestra conversación que no nos dimos cuenta que habíamos cruzado un semáforo de peatones en rojo. Sentimos el claxon de un coche que tuvo que frenar para no atropellarnos y al girarnos hacia él vimos como el conductor cabeceaba enérgicamente de indignación. Inocentemente me acerqué al coche indicándole que me bajase la ventanilla, sin más intención que poder pedirle perdón por nuestra imprudencia involuntaria, cuando el hombre al ver que me aproximaba salió del Audi que conducía gritándome.
- ¡Ven, ven hijo de puta! ¡A ver esos cojones¡
Me paré en seco porque estaba clarísimo que el conductor confundía mi buena intención. Ante la provocación del hombre mi amigo tuvo los cojones, que yo confundido aún andaba buscando, para responderle en su mismo tono y agravio. Los dos se enfrascaron en una discusión de insultos que no conducía a nada, por lo menos nada bueno. Yo mientras intentaba decirle al conductor en palabras ahogadas entre los gritos de ellos dos, que tenía razón, pero que tampoco era manera de salir insultando sin más.
Cuando me quise dar cuenta, era tarde. El conductor y mi amigo habían llegado a las manos. Intenté mediar separándolos, pero la única respuesta que obtuve fueron golpes de ambas partes. Por una parte los puñetazos del desconocido y por otra los de mi amigo, que intentándole dar, no controlaba del todo bien que yo estuviese en medio de ellos dos.
Me pasó por idiota porque bien sabía que los que actúan de buena fe en las reyertas intentando separar a dos violentos que se pelean acaban recibiendo leña segura. Desde ese día me dije que nunca más me vería involucrado en la separación de dos personas que desean pegarse de hostias.
Con esfuerzo conseguí arrastrar a mi amigo a unos metros de nuestro agresor. Este viendo que nos alejábamos decidió también por su parte que ya había recibido suficientes golpes de mi colega. Subió a su coche y dando un acelerón desapareció de nuestra vista. Eso sí, antes nos regaló más insultos por sí no habíamos tenido suficientes con los primeros. Por supuesto mi amigo le proporcionó otros tantos, no podía ser menos amable.
Me pareció surrealista haber acabado con moratones diversos por todo el cuerpo cuando mi inocente intención era pedir perdón.
Lo que más se me gravó en la mente fue una frase que nos dirigió el conductor nada más empezar la riña y que luego razoné.
- ¡Seréis cabrones! Os llego a matar y me jodéis la vida.
Lo de que éramos cabrones no tenía más que la asimilación animal al macho cabrío, no hacía falta analizarla mucho más, pero el resto nos quería decir que le importaba un comino nuestras vidas. A él le preocupaba más las posibles indemnizaciones o retirada de carné que nuestra integridad física. De hecho, seguro que su mayor problema de conciencia seguramente habría sido por la preocupación del desperfecto que hubiese recibido su coche, si nos hubiese llegado atropellar.
Por lo menos mi amigo recibió lo que se merecía y que andaba buscando, una buena pelea. Por lo que es yo, recibí moratones por todo el cuerpo aunque él me los triplicaba y uno de sus ojos me llegó incluso a asustar. Días más tarde perdió un diente.
Una hora después de la reyerta estuvimos los dos en un bar tomándonos una caña y riéndonos como si hubiésemos salido del cine de ver una película de cachondeo. En la conversación que tuvimos en ese momento mi colega me confesó que si en el momento de máxima excitación hubiese llegado a tener una pistola se la habría descargado completamente en la cabeza.
Esta confesión es la que da paso a mi siguiente historia, y que podéis leer en http://humano.ya.com/fnoguera/aqui.htm o comprar el libro donde indica la cabecera de este mismo blog.

lunes, 5 de julio de 2010

Capítulo 1 "Muerto el perro, se acabó la rabia”

Divertida película: “No matarás al vecino” pero lo mejor de ella es la simplicidad de su título. Una frase que no siempre hay que tomar literalmente. El vecino puede ser cualquier persona de tu entorno. Desde el cabrón que tiene el coche en el parking, en la plaza de al lado tuyo y que ha provocado que te lo hagan retirar porque sobresale un palmo de tu plaza (aunque a él no le molesta, solo que le toca los cojones que pagues menos porque tu plaza es más pequeña que la que corresponde con tu coche). Y bueno claro, también a ese vecino que te pone la música a todo volumen. Lo peor es, que encima tiene la idea de que te hace un favor para que tengas hilo musical gratuito. Y el colmo es que piensan que su música es la ostia y es merecedora de que todo el mundo la pueda apreciar. Si yo también los odio, al igual que a los ensordecedores conductores que asesinan nuestro oídos con sonidos varios incluidos motos de pacotilla que deben presumir de potentes y son tan mierdas como sus pilotos. Pero por rabia que nos de no podemos ir matando a diestro y siniestro y nos controlamos como podemos ¿Qué lástima verdad? Solo que a veces la cosa no se supera y nos surge una fijación por una persona en particular y que día a día parece que su existencia en este mundo haya sido concebida para jodernos e irritarnos. Esa rabia nos hace imaginar posibles contiendas contra su persona. Nos deleitamos pensando en como asesinarla de la manera más agonizante posible, aunque en la vida real si realmente lo fulminásemos en el acto ya nos sería más que suficiente y satisfactorio.
Pero porque no utilizar esa imaginación macabra para combatir la rabia y no a la persona << ¿Se puede? >> No siempre, pero es todo un ejercicio que el intelecto puede acabar agradeciendo. Lo importante es saber, que matar al vecino es como ponerte un enorme letrero con las frases: “Me lo cargué yo, si fui yo. El muy desgraciado me lo estaba pidiendo a gritos”.
No podemos ser tan tontos ¿verdad? Por lo menos nos lo podemos currar como por ejemplo en “dos extraños en un tren” (que tampoco es aconsejable porque al fin y al cabo estas dejando un cómplice y te puede llegar a pasar como en “tira a mamá del tren”).
¿Y porque es como ponerse un letrero? pues porque la policía (que no es tan tonta como aparenta) va a ir a hacerte preguntas. Les llaman “preguntas de rutina” y sin ser psicólogos ya dominan el arte de “este me está ocultando algo”. Te lo ven en la mirada, en los gestos y en la voz ¡Si lo vemos en todas las series policíacas todo los días! Y tal vez muchos se las estén tragando para sacar alguna conclusión y aprender a realizar el crimen perfecto. Como si su hora diaria de serie fuese la clase académica de cómo aprender a no cagarla el día que reúna los cojones de asesinar ¡No nos engañemos! Es como pretender aprender inglés porque escuchamos las películas en V.O con subtítulos en nuestro idioma (que por eso no deja de ser lo correcto).
Y Alguno todavía pensará, pero si no puedo asesinar a quién de verdad se lo merece y que me jode a diario ¿qué sentido tiene reflexionar el cómo combatir sus impertinencias?
Como dijo Jack el destripador “vayamos por partes” y a continuación podéis pasar a leer el primer capítulo “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Si no tenéis el libro puedes leer este capítulo en lulu.
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